La participación política de Mariquita Sánchez durante el periodo revolucionario se ha reducido por mucho tiempo al mostrarla como dueña de la casa donde se tocó por primera vez el himno y partícipe en la confección de las primeras escarapelas. ¿Fue solo este papel pasivo el que ocupó? ¿Su relación con la causa estuvo vinculada sólo a su rol de esposa y dama de la alta sociedad?
Conocida por su activa participación social
a partir de sus tertulias –salón de encuentros privilegiado durante la primera
mitad del siglo XIX–, sus escritos y acciones trascendieron a sus esposos en el
ámbito público. Los privilegios de su clase y educación la posicionaron en el
centro de los acontecimientos políticos de la época, desde donde pudo ejercer
su influencia.
Mariquita nació en Buenos Aires en 1786 en
el seno de una de las familias más prestigiosas. Única hija y futura heredera,
a los catorce años sus padres intentaron casarla por conveniencia, pero ella se
rebeló y eligió comprometerse con Martín Thompson sin el permiso de su familia.
Tras tres largos años de disputas y la muerte de su progenitor, en 1804 ella
misma apeló ante el virrey Rafael de Sobremonte para que autorizara su
matrimonio, ya que su madre también se oponía. El virrey falló a favor de la
joven pareja y se casaron en 1805. Así, al oponerse al mandato paterno y
defender su propio deseo, Mariquita marcó desde joven el rumbo de su vida.
Durante las invasiones inglesas, en 1806,
trabajó junto a su marido en la defensa de Buenos Aires, y la revolución del 25
de mayo de 1810 los halló comprometidos con las nuevas ideas. El salón de la familia
Thompson era considerado por la alta sociedad como un espacio donde el debate político
se desarrollaba en medio de una sociabilidad refinada y culta que acogía tanto
a eclesiásticos y políticos como a militares y diplomáticos extranjeros.
Gracias a su condición de dama patricia, Mariquita pudo relacionarse con las
figuras más relevantes de su tiempo, como los generales José de San Martín y
Manuel Belgrano, el ministro y luego presidente Bernardino Rivadavia, el propio
Juan Manuel de Rosas y los integrantes de la Generación del ’37, como Juan
Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento, entre otros.
En 1816, tras ser ascendido a coronel y
enviado por el Director Supremo en misión diplomática a los Estados Unidos,
Thompson comenzó a padecer los primeros síntomas de un desequilibrio mental. En
1819 emprendió el regreso a Buenos Aires, pero falleció en altamar a causa de
una enfermedad desconocida. Pocos meses después, el 20 de abril de 1820, la
viuda Mariquita contrajo matrimonio con el francés Jean-Baptiste Washington de
Mendeville, siete años menor que ella y arribado a Buenos Aires en 1818. El
hogar de los Mendeville sería a partir de entonces y hasta 1837 el centro
obligado de la sociabilidad para todo extranjero que pasase por Buenos Aires.
La decisión del matrimonio pareció haber
sido de mutua conveniencia. Mendeville, gracias a las conexiones de su esposa,
pudo convertirse en cónsul y permanecer en el cargo durante un largo periodo.
Para Mariquita, aquella unión significó participar en el mundo de la diplomacia
y obtener nuevas posibilidades. Sus
logros fueron claros y le proporcionaron beneficios a nivel social y de
prestigio para ella y su descendencia, buenos casamientos y la posibilidad de
puestos políticos para sus hijos, convirtiéndola en una verdadera mediadora de
poder. La particularidad de su caso es que fue ella –una mujer– quien
transformó su enlace y su familia en una inversión estratégica dentro de las
limitaciones de la época, eligiendo siempre la alternativa más favorable a sus
intereses.
Convencida por sus lecturas de que la
educación era el vehículo a la modernidad, en 1823, durante el ministerio de
Rivadavia, participó en la fundación de la Sociedad de Beneficencia. A lo largo
de toda su vida, las principales preocupaciones que se reflejarían en los
escritos de Mariquita Sánchez serían la libre elección de la pareja, la
educación de la mujer y el modo de insertar al sexo femenino en el proceso
revolucionario nacional. Mariquita creía en la educación como herramienta
igualadora y civilizatoria y no abandonó esa convicción: fue inspectora de
escuelas hasta los meses previos a su muerte, en 1868.
Una memoria nacional lapidaria la reduce
como la que fue esposa y señora de la caridad, cuando ella misma demostró que
las mujeres podían reclamar el protagonismo de su tiempo histórico. Su posición
privilegiada de interlocutora y confidente de los líderes políticos e intelectuales
de la época le permitió desempeñar un papel activo en la esfera política. Mariquita
opinó, juzgó, evaluó y aconsejó a través de sus redes personales y de su
escritura, la cual revela una tensión constante entre lo prescripto por la
sociedad colonial y una voluntad emancipadora que reclamaba educación e
instrucción para las mujeres. Durante su prolongada vida, fue testigo de
acontecimientos clave, desde los últimos años de la dominación española y del
Virreinato del Río de la Plata hasta la conformación de la República Argentina:
las invasiones inglesas de 1806-1807, la revolución de 1810, las guerras de
independencia, civiles, contra el Brasil y el Paraguay, los conflictos con Francia
e Inglaterra, los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, el Salón Literario de 1837
y el exilio antirrosista en Montevideo, del que formó parte.
Narrar y analizar la vida de Mariquita Sánchez
es escribir historia: la revolución irrumpe al mismo tiempo que ella deja la
niñez. Con su pluma joven, relata un Río de la Plata en plena transformación,
mientras su propia vida se desarrolla al compás de los cambios que van configurando
la patria.
Para seguir leyendo
Ayrolo, Valentina. "El matrimonio como
inversión: el caso de los Mendeville-Sánchez". Anuario de estudios americanos, Vol. 56, Nº 1, (1999): 147-171. URL: https://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos/article/view/291/296
Tdhordonkian, Silvia. "Mujeres y vida cotidiana en tiempos de cambio en el Río de la Plata". En Las mujeres en la Independencia de América Latina, editado por Beatriz Guardia. Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América Latina, 2010.